martes, 2 de diciembre de 2008

Lo peor de todo fue cuando desperté. Desperté y la vi. Me miraba con esa cara de susto y esa prepotente sonrisa. "Estúpida" pensé en mi fuero interno. No era justo, no era justo, no. Desde ese momento siempre esta ahí, cuando escribo, cuando lloro, cuando leo, cuando me escondo de todo y huyo, cuando me acuesto, y lo peor, cuando me levanto. Ella se sienta siempre en frente mía, me evalúa con sus ojos indefinidos y cristalinos, y me muestra los dientes en señal de triunfo. Y es que lo diré, si a alguien tengo que odiar, es a ella. Sí ¡Te ODIO, Soledad!
La noche ya esta aquí y el invierno la convierte en gélida y fría enemiga de los transeúntes.
Te quiero, y decírtelo sería un grave error. Y no, yo no voy a tropezar de nuevo.

1 comentario:

Bloggero Fantasma dijo...

Cometer errores es de humanos. Yo hoy he vuelto a caer.