Los ojos inundados en lágrimas.
Pañuelos por doquier.
Sueños rotos.
Desilusiones gratuitas para el corazón.
Guiños inconscientes y asperos.
Bolsa de gominolas en mano y a seguir.
Así amaneció la mañana del 4 de febrero, próximo, demasiado cercano a su vigésimo aniversario.
Miró por la ventana tres veces seguidas, como era habitual, pero no había ni rastro del coche gris metalizado que solía decorar el garaje a esas horas de la mañana.
nah.
martes, 15 de diciembre de 2009
domingo, 15 de noviembre de 2009
Lo nuestro.
Bailes de lenguas, de sonrisas, de miradas.
Pulsos de abrazos, de palabras, de calor.
Yo, compartiendo mi respiración,
Tú, aceptándola con gusto.
Mis manos a tu alrededor,
las tuyas acariciando el infinito.
Un suspiro y dos y tres.
Risas alocadas, singulares, únicas.
Como tu pestañeo, como tu sonrisa, como tu mullido labio, como tu querer, tus abrazos, tus silencios, como tus ojos negros, como tus besos.
Especiales como tú.
Y yo dejándome guiar por todo esto no soy mas que un sin fin de sonrisas, de miradas atolondradas, de pensamientos hacia tu persona. Yo egoísta de lo nuestro solo deseo mirarte, escucharte, besarte, quererte...
Entonces sucede lo inevitable, dos peces en un mismo mar, hacia un mismo destino, sin nada más que la marea. Dos minúsculos pececillos haciendo lo que tan bien saben hacer, nadar, nadar con fuerza, sin miedo. Amándose.
Amaneció una mañana demasiado gélida para ser Noviembre.
Oh, dulce Noviembre.
Pulsos de abrazos, de palabras, de calor.
Yo, compartiendo mi respiración,
Tú, aceptándola con gusto.
Mis manos a tu alrededor,
las tuyas acariciando el infinito.
Un suspiro y dos y tres.
Risas alocadas, singulares, únicas.
Como tu pestañeo, como tu sonrisa, como tu mullido labio, como tu querer, tus abrazos, tus silencios, como tus ojos negros, como tus besos.
Especiales como tú.
Y yo dejándome guiar por todo esto no soy mas que un sin fin de sonrisas, de miradas atolondradas, de pensamientos hacia tu persona. Yo egoísta de lo nuestro solo deseo mirarte, escucharte, besarte, quererte...
Entonces sucede lo inevitable, dos peces en un mismo mar, hacia un mismo destino, sin nada más que la marea. Dos minúsculos pececillos haciendo lo que tan bien saben hacer, nadar, nadar con fuerza, sin miedo. Amándose.
Amaneció una mañana demasiado gélida para ser Noviembre.
Oh, dulce Noviembre.
lunes, 26 de octubre de 2009
Las sirenas.
Las flores crecen con el tiempo, los frutos cambian su sabor, las mentiras ya ni rozan la verdad del corazón.
Es en los momentos pequeños, o en las grandes situaciones cuando lo ves con mayor claridad. Te miras a un espejo y ves un rostro inmaculado, iluminado, propio y único. Ojos centelleantes, sonrisa permanente y risas alocadas por doquier. Pareces estar echo para eso, sí, eso es lo tuyo, pintar escalofríos y besar suavemente los susurros. Son las caricias las que te hacen mas fuerte, pero no lo ves, tu no lo ves, no lo notas hasta ese dichoso momento. Entonces se te encienden las orejas, leves tartamudeos, cantos de sirenas. Esa sirena escondida, encogida en lo más hondo, la misma que hasta hace unos meses desconocía su existencia. Es verdadera, fiel, pausada y tranquila. Aleteos en el corazón y burbujeos estomacales. Descubres que puedes ver todo de otra forma, como si antes ese papel no fuese el tuyo, como una pésima interpretación en un ruidoso teatro. Te desnudas, dejas de decir adiós, para no decir nada, para solo respirar y sentir. Lo dejas todo por miradas. Los suspiros expresan palabras, solo audibles para los oídos austeros y tenaces. Para los tuyos, los mios a la vez.
Es un para todos y un para nadie.
Un no hacerse grande, un querer y querer,
un permanente, un sin rumbo...
para crecer y no crecer.
Mi luz, mi estrella. Tu luz, tu estrella.
Es en los momentos pequeños, o en las grandes situaciones cuando lo ves con mayor claridad. Te miras a un espejo y ves un rostro inmaculado, iluminado, propio y único. Ojos centelleantes, sonrisa permanente y risas alocadas por doquier. Pareces estar echo para eso, sí, eso es lo tuyo, pintar escalofríos y besar suavemente los susurros. Son las caricias las que te hacen mas fuerte, pero no lo ves, tu no lo ves, no lo notas hasta ese dichoso momento. Entonces se te encienden las orejas, leves tartamudeos, cantos de sirenas. Esa sirena escondida, encogida en lo más hondo, la misma que hasta hace unos meses desconocía su existencia. Es verdadera, fiel, pausada y tranquila. Aleteos en el corazón y burbujeos estomacales. Descubres que puedes ver todo de otra forma, como si antes ese papel no fuese el tuyo, como una pésima interpretación en un ruidoso teatro. Te desnudas, dejas de decir adiós, para no decir nada, para solo respirar y sentir. Lo dejas todo por miradas. Los suspiros expresan palabras, solo audibles para los oídos austeros y tenaces. Para los tuyos, los mios a la vez.
Es un para todos y un para nadie.
Un no hacerse grande, un querer y querer,
un permanente, un sin rumbo...
para crecer y no crecer.
Mi luz, mi estrella. Tu luz, tu estrella.
martes, 15 de septiembre de 2009
Similar a una gota.

Tenía la fea costumbre de hacer como quien no escucha, pero al mismo tiempo acumulaba en su diminuto cerebro toda aquella información sustancial. No era una persona miedosa, no temía a la soledad, ni a la muerte, ni a la vida, ni a la oscuridad, solía alardear de cada uno de esos detalles con grandioso poder, pero, porque siempre hay un pero, había un detalle que siempre eludía, que omitía con todo rigor sin darse cuenta de las consecuencias. Y es que Benny, pues así se llamaba, tenía miedo de soñar.
Recuerdo a la perfección una tarde en un café, entre tanto y tan poco salió a relucir el tema tabú. Margaret contaba emocionada como había soñado con que un hombre, un total desconocido, le hacia el amor apasionadamente sobre el poyete de la cocina. Como estaba entre amigos lo contaba con total precisión, con toda la precisión que te permite un sueño sentir. Yo empecé a apreciar un leve titubeo en sus labios, las piernas le temblaban considerablemente, mientras sus manos no dejaban de estrujar, una tras otras, servilletas de publicidad. Coloque mis dedos sobre su rodilla acariciándola levemente y poco a poco fui apretando con fuerza con el fin de que cesara toda esa marea. Demasiado tarde, el ya no atendía a razones. El pánico había invadido cada una de las partes de su cuerpo. Se vio a si mismo soñando, sintiendo ese calor irreal, esos falsos labios, esas dulces manos. Los ojos comenzaron a llorarle, pero solo yo me percaté. Era su confidente y jamas había pensado en delatarlo, hasta ese preciso instante. Abrí la boca pero no logré articular sonido y sentí como sus ojos se clavaban en los mios pidiendome perdón por lo ocurrido, perdón por no saber controlar su miedo, perdón por perder la fuerza, por el miedo, perdón por su puta debilidad traicionera.
Sin avisar ni despedirse cogió el abrigo y salió a la intemperie. Los chicos me miraron, conocían nuestra conexión.
- ¿Hemos dicho o hecho algo ofensivo?- preguntó Ronald.
Yo me encogí de hombros, había perdido con aquella mirada todas las fuerzas y me sentía cansada y triste.
- Es un solitario. Supongo que para él esto solo son meros tramites dentro de una amistad. No comprende los conceptos, esta cansado y busca estar consigo mismo. Ya sabéis, cuando las cosas le saturan, le superan, huye.
- Como un cobarde.- se aventuro Amandine.
La miré con ojos cansados.
- No creo que tu logres entenderlo. El no conoce la cobardía. Él huye para protegernos a todos, para luego ser capaz de mirarnos a los ojos. Huye por nosotros. La huida para el es un sacrificio, y el dolor que le produce es tal que solo quiere desaparecer. Pero a pesar de todo siempre esta aquí, cada día, cada semana. Por que es un solitario que no sabe entenderse a si mismo.
Me levanté mirando a los chicos, me puse el abrigo, saque unas monedas del bolso y las coloque en la mesa diciendo que se cobraran lo mio y lo suyo.
Caminé sabiendo exactamente donde lo encontraría. El parque era especialmente bonito. Todas las flores estaban bañadas por la deliciosa luz del atardecer. Se olía a tierra húmeda y a césped recién cortado.
Benny estaba acurrucado en un banco de piedra, con los brazos alrededor de las piernas, se sujetaba el corazón. No me miró cuando me senté a su lado, ni cuando lo abracé. Lloraba desconsolado y en silencio, las pequeñas sacudidas de su cuerpo hacían vibrar el banco por segundos. Acerque mi boca a su oreja, la besé con ternura.
- Shhhh.- Lo abracé con mas fuerza impregnándome de su olor. Inspire con fuerza.- Hueles a lluvia, Príncipe de Cristal.
Fue como si hubiera accionado un interruptor. El llanto cesó. Note como en su cara se formaba una mueca similar a una sonrisa, y entonces me abrazó. Nunca nadie me había abrazado con tanta violencia, desesperación, amor, dulzura, frialdad y calor.
- Príncipe de Cristal.- Los pájaros alzaron el vuelo y una débil carcajada envolvió el lugar.
Por la igualdad.
domingo, 5 de julio de 2009
Que no nos engañe la palabra.

¿Te gustaría que un toro gigante viniese te clavase unas varillas, te torturara y te matara lentamente siendo observado por miles de personas a expensas de que estires la pata?
Bien, ya ha llegado ese día.
Hoy voy a dejar pasar tanta palabrería y frases correctamente compuestas. Voy a fingir no saber nada, pero involucrándome hiriente en lo importante.
No entiendo ni nunca entenderé en que momento, este mundo chiflado, comenzó a calificar de arte al mundo taurino. El arte es todo aquello que nos permite reivindicar nuestro pensamiento, expresar todo aquello que con normalidad se oculta, es todo lo que produce cosas dignas del ser humano y que nos permite pensar con libertad, actuar con libertad y vivir de una manera más sencilla.
Entonces, sabiendo esto, ¿arte taurino?, la simple mezcla de la palabra arte con taurino me produce arcadas. Es insultante para cualquier amante real del arte. Son una mezcla de sandeces seguidas que, dichas todas juntas, hasta te producen risa.
No nos confundamos, señores, matar no es ningún arte. Si aceptamos esta afirmación, todo cruel asesino, toda acción despiada también seria arte, y, disculpen, ¿no sería eso una gran aberración?
Yo sé que jamás pagaría 6.000 euros para ver a un asesino en plena acción.¿Y tu?
sábado, 9 de mayo de 2009
Siempre más.

Cuando empezó a llover supo que ya no lo echaría más de menos. En el preciso momento en el que el cielo estallaba en quejidos y lágrimas se percató de aquello que nunca antes había querido oír. Se dio cuenta del tiempo perdido y del manto de soledad con el que ella misma había cubierto a su alrededor, asolándolo todo como la marea. Su no estar y su no ser la habían convertido en un amasijo de huesos y carne que vagaba a tientas sin encontrar figura coherente en la que fijarse. Sí, él había creado semejante bestia, pero por eso mismo, y por lo vivido, tenía que darle una lección a su propia moralidad. Era inútil ver la vida tras el grueso cristal, y a demás, se estaba empezando a cansar de respirar con normalidad. Y esa tarde, con un estridente murmullo de fondo se liberó de las penas, pintó sus labios color violeta, un poco de colorete para su pajizo rostro y su pelo rizado al natural. Buscó en el armario, en el baúl, en los cajones, y no paró hasta que encontró aquel vestido de flores. "El último y el primero". Ya estaba lista. Abrió todas las ventanas, dejó que la brisa húmeda empapase el salón y mirándose las manos se recostó en el sofá. Encendió la televisión y dejó de pensar.
- Ya no estas.- Sonrió dejando todo lo demás atrás.
Siempre nos merecemos lo mejor, aunque lo veamos lejano e imposible. Corazón.
viernes, 13 de febrero de 2009
Absurdo.
Hablaré de soledad...de todo lo que ya no está.
Después de lo pasado y vivido es cuando te das cuenta, una sonrisilla amarga decora tus labios, y en tu pensamiento palabras de consuelo hacia tu persona.
Seamos sinceros, una vez que catas, lo echas de menos, y hasta no volver a probar no dejas de buscar. Buscas y buscas, aveces son solo reflejos lo que encuentras, algunos simplemente están disfrazados con amargura esperando a ser encontrados, otros, los más preciados se esconden, al igual que se esconde un trébol de cuatro hojas hasta a la espera de que su "acertado" de con él.
En este tema, más de lo mismo.
Te falta el calor, te falta la risa, te faltan los brazos que antes sí tenías, te faltan las ganas y en momentos la alegría. Te sobran las lágrimas, palabras de ira, te sobran te quieros que nunca darías.
Pero el tiempo pasa, y como buen medicamento, todo lo cura...
Siento tanta estupidez seguida, pero eso es lo que me hace tan especial y distinguida. Absurdo absurdo absurdo.
Después de lo pasado y vivido es cuando te das cuenta, una sonrisilla amarga decora tus labios, y en tu pensamiento palabras de consuelo hacia tu persona.
Seamos sinceros, una vez que catas, lo echas de menos, y hasta no volver a probar no dejas de buscar. Buscas y buscas, aveces son solo reflejos lo que encuentras, algunos simplemente están disfrazados con amargura esperando a ser encontrados, otros, los más preciados se esconden, al igual que se esconde un trébol de cuatro hojas hasta a la espera de que su "acertado" de con él.
En este tema, más de lo mismo.
Te falta el calor, te falta la risa, te faltan los brazos que antes sí tenías, te faltan las ganas y en momentos la alegría. Te sobran las lágrimas, palabras de ira, te sobran te quieros que nunca darías.
Pero el tiempo pasa, y como buen medicamento, todo lo cura...
Siento tanta estupidez seguida, pero eso es lo que me hace tan especial y distinguida. Absurdo absurdo absurdo.
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