martes, 2 de diciembre de 2008

Infinito.


Por las amplias calles paseaba. Enfundado en aquella gabardina descolorida, plantando cara al frío ¡A disfrutar de un paseo, se ha dicho! Anduvo y anduvo, y no supo nada, su problema: ya no la amaba. Un remolino de hojas se formó delante suya, él, atrevido, decidió atravesarlo...Resultó, por unas extrañas coincidencias, que por pasar pasaban varios grupos de almas, almas perdidas. Almas que vagan, sin rumbo en la vida. Ellas muy pagadas de sí mismas se aventuraron a realizar un juicio. Unas cuantas pensaron que aquel humano era Valiente, no todos toman decisiones arriesgadas. Otras, simplemente, se pusieron de acuerdo y lo llamaron Temerario, no sabe donde se mete. El otro grupo, el más numeroso comtemplaba la escena con aires de suficiencia, un único pensamiento se revolvió en todas ellas: Cobarde, intenta esconder su miedo entre tanta malicia. Pero él, ni las veía ni las sentía, ni mucho menos, las escuchaba. Solo staba pendiente de sus pasos, firmes y seguros. Entonces se vio rodeado de hojas, todas de distintos colores, tipos y tamaños ¡Que gran diversidad y placer para la vista! Aquella sensacion era maravillosa a la par que aterradora. Sintió miedo, y, aunque parezca absurdo, recordó sus besos, sus largos besos y caricias, su piel suave, y seguido del extraño deseo, dolor, mucho dolor y miedo...Pero no solo eso, también se vió azota de sensaciones contrarias, se sintió libre y relajado, mente en blanco. Fue de tal modo dicha última inundación de positividad y felicidad, que ocurrió. ¿Qué ocurrió? Dejo de caminar, dejó de pisar el suelo ¡Flotaba!, y no, mucho mejor, volaba, sus alas se delplegaron haciendo desaparecer el remolino de hojas, y voló, alto, muy alto, en dirección hacia el Sol y en cada uno de sus aleteos le dedicó a ella, y solo a ella, sus pensamientos...Era libre, por fín era libre. Las almas primeras, que todavía seguían observando, aplaudieron y lanzaron altos gritos de júbilo ¡Valiente!, Las que pensaron en su temeridad, se esfumaron, corrieron por temor a que les ocurriera lo mismo ¡Temerario! ¿Que que hicieron las otras? Desaparecieron, desaparecieron para aparecer encerradas en un cuerpo, un cuerpo humano que les haría padecer, y en él último de los aleteos del hombre, una, solo una, pensó: ¡Cobarde! Y es que esta fue la única que no entendió que él no escapaba, si no que iba al encuentro de una vida mejor. Y que su soledad infinita haría un bien mejor.



A empezarlo todo con buen pie, queridos.

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