domingo, 30 de noviembre de 2008


Y es que hoy estoy Históricamente histérica.
No se ni vengo o voy, si escucho o miro,
si hablo y siento.

Padezco eso, eso que muchos llaman...
bah, creo que me deje la cabeza olvidada entre dos libros cerrados ,
dos libros que navegan y nadie observa.
¡Media Vuelta!
Silencio de nuevo, profundo y bendito silencio.
Te quiero...

Lamento, sinceramente, lamento no saber pintar.
Ni saber pintarte, ni a ti ni a tus ojos, ni a tus labiospiñon,
ni saber retratar tu soledad, tu soledad y desnudez,
que ante mí, se desnuda cada día.
A mí defensa te diré que lo lamento y que al menos,
yo, lo intento.
Y ahora es cuando me besas y recorres mi piel.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Perdición



Hoy, digamos que hoy, hoy he experimentado conmigo misma para descubrir lo cierto de mi teoría, teoría que empecé a estudiar cuando nuestros caminos se separaron e hicieron: ¡Crak! Como todo, consiste en la observación, en detectar en ínfimo detalle, capturarlo y guardarlo para la prosperidad. Esta vez la historia empezó una tarde, y como no, terminó una tarde. El frío lo inundaba todo, pero a pesar de esto, la gente continuaba su rutina sincesar. ¿ Como ocurrió exactamente? Pues verán, camináramos mi mp3 y yo de la manita( si de la manita), cuando lo detecté. La mirada perdida, las piernas temblorosas y unos labios mordidos por la ansiedad. ¿Qué vi en él? Pues exactamente lo que nadie puede o quiere ver. Analicé su postura, su forma tan exaustiva de coordinar los pies, el total control sobre sus manos y el leve tic que se repetía levemente en su ojo derecho. Dirán, ¡Coño, esta tía esta loca!, oye, no les quito yo razón, pero me di cuenta de que mirando a los demás también podría aprender y descubrir, solo con observar, el movimiento de todo mi mundo. Pero lo que esta gélida tarde he descubierto ha sido ha sido un todo que simplifica a la nada, un da igual claramente contagiado. Íbamos mi mp3 y yo de la manita(si de la manita) y comiendo un pequeño tentempié cuando una mujer de aires pretenciosos y mirada acusadora me a intentado arañar con sus felinos ojos. Yo, como es normal, me he preguntado si acaso mi forma de comer o mis formas en general la había incomodado o intimidado. Y entonces ¡Eureka! el cielo se ha iluminado, la calle a dejado su habitual movimiento y una enorme bombilla alógena ha comenzado a deambular sobre mis ahora acerezados cabellos. Esa mujer ni siquiera me miraba, ni me veía, iba hablando con el móvil y discutía en voz baja( algo realmente fuera de lo común), ¿Qué que veo yo de especial en toda esa rutinaria acción? Verán, por fin de una vez por todas, he logrado ver con mis propios ojos, que todo ya da igual. Que ya ni miramos a nuestro alrededor, ni siquiera agradecemos vivir como vivimos, ni conducir un BMW(esta era la marca del coche de dicha mujer), no, hoy en día todo da igual. Nuestros escrúpulos se perdieron en más allá a la derecha y nadie quiere recuperarlos. A mí, señores, a mi simplemente me da tristeza, por que si de verdad viésemos, no solo mirásemos, aprenderíamos, oh sí, claro que aprenderíamos. Al chico de los labios agrietados y coordinados movimientos, le debo, yo, tan insospechadas reflexiones y...un montones de motivos.


Querido invierno, estoy aquí...

martes, 25 de noviembre de 2008





Se fue, la vió y desapareció.
¿Quiere usted saber por que desapareció? Si le digo la verdad todo empezo una mañana y termino una mañana. El sol caldeaba el ambiente y la cama, señores, la cama era la cama. Y es que la llamaba, no era su culpa, pero la llamaba. Aunque si les hablo con franqueza, toda disputa vino por su bostezo. Ella, tan cantarina y elocuente, ella la excéntrica violeta de la casa, la invencible, la imposible, la interminable, ella no sabía desperezarse, o eso le pareció cuando la vió por primera vez desnuda en su cama. ¿Qué como era posible? Muy fácil, dormir a ella le aburría, decía que era una forma de restarle segundos a su corta vida, segundos que jamás recuperaría. ¿Qué estaba algo chiflada? No les voy a negar nada, solo diré a su favor que era bella cual lucero y que las palabras AMOR y LUJURIA en su boca eran puro fuego. ¿Qué si me enamoré de ella? Señores, no soy tan tonto, claro que me enamoré de ella...me enamoré una mañana y la despedí una mañana. La luz mortecina ya no le favorecía, pero seguía siendo bella como una flor dormida, apretaba mis manos con su último aliento, y como siempre, nunca sonreía.¿Lo último que le dije? Oh, sí, lo recuerdo muy bien: "Buen viaje en tu eterna y larga vida."




Hay muchas formas de decir te quiero.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Chispeante...

Eso era, chispeante. Sus ojos chispeantes, su boca chispeante, su cuello chispeante, su cuerpo chispeante. Chispeante, chispeante, chispeante.


Recuerdo lo que solía decir. Tenía la costumbre de hacer referencia a su belleza, decía, siempre con aquella voz cansina, que ella nunca había sido guapa, si no más bien fea, pero fea, fea y que ahora de vieja no iba a ser menos. Solía también mencionar, de manera despectiva, sus posaderas, de ellas decía que eran malformes y demasiado abultadas, pero que a pesar de estos dos claros defectos, llamaba la atención por donde pasaba. Contaba una y mil veces, que así era como lo había conocido y que a pesar de su fealdad y su desproporcionada figura, los hombres se giraban al verla pasar.
Acostumbraba a criticar las formas de realizar cualquier ínfima tarea, por el mero hecho de que no era ella quien la llevaba a cabo, y con su voz desgastada y un tono especialmente seco, era incluso capaz de echarte de su casa. Su carácter era cortante cual cuchilla, frío como un invierno pero con un interior tan blando como una almohada antigua. Su rostro surcado por grandes arrugas recordaba a las páginas envejecidas de un libro de biblioteca, pero sus ojos chipeaban cuando mencionaba su pasado .
Era demasiado orgullosa y testaruda, y cuando empezó a olvidar eso se convirtió en un gran problema. Se incomodaba en cuanto algo le fallaba y no sabía donde encuadrarlo y lloraba como un bebe con la mención de su difunto.
Y es que a pesar de su temperamento y su acidez, cuando sonreía parecía que el sol brillaba más y cuando te abrazaba lo hacía con tal fuerza que tu corazón rozaba la campanilla.
Creedme si os digo que ella era especial, ella, con sus 83 años y una memoria juguetona y traicionera, era chispeante. Sí, chispeante.


Primera entrada. Para mí, el principio de algo más que eso. Escribo y siento siento y escribo.