Bailes de lenguas, de sonrisas, de miradas.
Pulsos de abrazos, de palabras, de calor.
Yo, compartiendo mi respiración,
Tú, aceptándola con gusto.
Mis manos a tu alrededor,
las tuyas acariciando el infinito.
Un suspiro y dos y tres.
Risas alocadas, singulares, únicas.
Como tu pestañeo, como tu sonrisa, como tu mullido labio, como tu querer, tus abrazos, tus silencios, como tus ojos negros, como tus besos.
Especiales como tú.
Y yo dejándome guiar por todo esto no soy mas que un sin fin de sonrisas, de miradas atolondradas, de pensamientos hacia tu persona. Yo egoísta de lo nuestro solo deseo mirarte, escucharte, besarte, quererte...
Entonces sucede lo inevitable, dos peces en un mismo mar, hacia un mismo destino, sin nada más que la marea. Dos minúsculos pececillos haciendo lo que tan bien saben hacer, nadar, nadar con fuerza, sin miedo. Amándose.
Amaneció una mañana demasiado gélida para ser Noviembre.
Oh, dulce Noviembre.
domingo, 15 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
