martes, 15 de diciembre de 2009

llanto de golosina

Los ojos inundados en lágrimas.
Pañuelos por doquier.
Sueños rotos.
Desilusiones gratuitas para el corazón.
Guiños inconscientes y asperos.
Bolsa de gominolas en mano y a seguir.

Así amaneció la mañana del 4 de febrero, próximo, demasiado cercano a su vigésimo aniversario.
Miró por la ventana tres veces seguidas, como era habitual, pero no había ni rastro del coche gris metalizado que solía decorar el garaje a esas horas de la mañana.


nah.

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